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La clonación de animales

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El 27 de febrero de 1997, el doctor Ian Wilmut, del Instituto Roslin de Edimburgo, comunicó a la revista Nature el éxito del experimento de clo­nación que había dado lugar a la oveja Dolly. Era la primera vez que se conse­guía una réplica a partir de una célula no embrionaria. Era el primer clon mamífero obtenido a partir de un individuo adulto. En CurioSfera-Ciencia.com, te explicamos qué es la clonación de animales y sus características.

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¿Qué es un clon?

Se denomina «clon» a cada uno de los individuos de una serie de organismos genéricamente idén­ticos provenientes de un único antecesor.

Lo que resulta fácilmente comprensible a nivel celular (un grupo de células desarrolladas a partir de una única célula) adquiere complejidad cuando se traslada al concepto de un organismo viviente completo. No obstante, ya existían precedentes desde hacía varias décadas.

Las primeras investigaciones sobre la clonación

El Instituto Roslin ya tenía experiencia en la ma­nipulación de material genético. Desde 1955 estaba trabajando en el desa­rrollo de embriones transgénicos para producir individuos mejor adaptados, enriquecidos con proteínas y otras sustancias beneficiosas para el consu­mo humano.

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Por otra par­te, poseían evidencias de que era posible la clona­ción a partir de células embrionarias de animales como ratas o ratones. Estos experimentos iniciales con­dujeron al desarrollo de una oveja clónica a partir de un embrión de nueve días.

Sin embargo, la clonación a partir de in­dividuos adultos aún no era posible, ya que presentaban un ADN modificado, lo cual no permi­tía que el genoma pudiera desarrollar todos los tipos de células necesarios para poder generar un individuo completo.

El procedimiento de clonación de animales

El principal inconveniente era que el ADN de un individuo adulto no se comporta como el de una célula espermática o de un óvulo no fertilizado. Lo novedoso del caso consistió en que lan Wilmut llevó el ADN de una célula diferenciada al estado denominado «fase G 0» del ciclo celular, en el que no se produce duplicación del material genético.

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lan Wilmut, creador de la clonación de animales junto a la oveja Dolly

Para ello utilizó un cultivo de células pertenecientes a la ubre de una oveja adulta. Esta oveja «madre», de seis años de edad, había sido alimentada con sueros, glucosa y sales, a fin de que se desprendieran todas las proteínas que enmascaran el material genético al adherirse al ADN.

La sustancia hereditaria de dichas célula quedaba en condiciones de guiar todas las fases de la creación de un animal.

Posteriormente, los núcleos de estas células fue­ron transferidos a óvulos desposeídos de material genético (sus cromosomas habían sido extir­pados). Mediante la aplicación de una corriente se consiguió la fusión entre el núcleo y el óvulo.

De este modo, el óvulo adquirió un nuevo ADN del que se habían eliminado sus proteínas, por lo que tomó el material genético del núcleo fusionado, posibilitando así que la oveja Dolly tuviera el mismo código genético que su madre.

La compleja técnica utilizada en el proceso des­crito se conoce con el nombre de «transferencia de núcleo”.

La transferencia de núcleo

La clonación mediante transferencia de núcleo no es una novedad. Esta técnica ya fue utilizada en 1952 en ranas y otros anfibios para estudiar su desarrollo.

Este trabajo demostró que las primeras divisiones celulares tras la fertilización producían células que aún no se habían diferenciado (desarrollado en un tipo de célula específico).

A medida que el embrión se desarrollaba, las células perdían esta propiedad, y el éxito de la transferencia nuclear disminuía rápida­mente. Algunas transferencias de núcleo realizadas con células de individuos adultos produjeron embrio­nes útiles, pero nunca se desarrollaron más allá del estado de renacuajo.

La transferencia del núcleo en mamíferos fue más com­plicada. En 1977 se realizaron experimentos de clo­nación de ratones con embriones muy jóvenes, pero éstos nunca se repitieron y decayó el interés por el tema en la comunidad científica.

A mediados de la década de 1980, diferentes grupos de científicos de todo el mundo produjeron ovejas clónicas a partir de embriones jóvenes, utilizando la técnica de la transferencia de núcleo.

Steen Willasden obtuvo ter­neros mediante transferencia de núcleo a partir de embriones de hasta 128 células, lo cual significaba que era posible la transferencia de núcleo incluso con células parcialmente diferenciadas.

El embrión «reprogramado»

A partir del momento de la fusión, y de la adop­ción del material genético por el embrión, se pro­dujo una «reprogramación” del ADN que hizo posible el desarrollo normal del embrión, manteniendo inalterado el código genético.

Los 277 óvulos reconstruidos fueron cultivados durante seis días en recipientes temporales. Veintinueve de los óvulos se desarrollaron normalmente hasta el estado de blastocito (célula embrionaria que aún no se ha diferenciado) y trece de ellos se implantaron en la matriz de otras tantas ovejas.

Tras un periodo de gestación normal de 1-48 días, el 5 de julio de 1996 nació la oveja Dolly, genéticamente idéntica a su “madre”.

Polly, la oveja clónica transgénica

Cinco meses más tarde del nacimiento de la oveja Dolly y del éxito del experimento, se repitió con una segunda oveja clónica llamada Polly. Esta oveja tenía, además, la característica de ser transgénica.

El embrión resultante de la trans­ferencia de núcleo poseía un gen humano destinado a producir leche con un contenido de proteína humana que permitirá llevar a cabo el tratamiento de determinadas enfermedades.

Con la nueva oveja clónica y transgénica parecen confirmarse las esperanzas sobre las posibilida­des médicas de la clonación, que pasan por el de­sarrollo de fármacos nuevos y más baratos para combatir enfermedades ahora incurables.

Se po­drán desarrollar grupos de individuos genéticamente idénticos que, además, puedan proporcio­nar un tratamiento transgénico beneficioso.

El debate ético de la clonación

La clonación de un mamífero adulto ha provo­cado en la opinión pública un encendido debate ético sobre las nuevas posibilidades y los interro­gantes que plantea la ingeniería genética aplicada a los seres humanos.

Por un lado, sus aplicacio­nes en el campo de la medicina son beneficiosas se pueden fabricar sustancias útiles para el hom­bre y alterar transgénicamente animales en busca de especies “superiores”, mejor adaptadas al me­dio ambiente o más útiles.

Pero, por otro lado, han surgido varios proyectos de regulación jurí­dica para controlar su aplicación a los seres hu­manos, e incluso para promulgar su prohibición.

Los científicos afirman que hasta dentro de unos años no existirían técnicas seguras de donación, y que en ningún caso se utilizarían para replicar seres humanos, sino para curar enfermedades genéricas, producir fármacos transgénicos, reali­zar exoinjertos y disponer de células humanas para trasplantes.

Si bien resulta prematuro, por lo menos técnicamente, especular sobre la clonación humana, lo cierto es que el tema no ha dejado de causar gran preocupación tanto a los científicos como a los legisladores.

Evidentemente, desde un punto de vista ético, no es lo mismo clonar ovejas que hacerlo con seres humanos.

Pero, por otra parte, no hay que dejar de considerar las ventajas que podrían derivarse de dicho proce­dimiento, entre ellas la de facilitar a mujeres y hombres estériles una op­ción de procreación.

Aunque pueda causar cierta extrañeza, hay que tener en cuenta que, en realidad, siempre ha habido, de forma natural, «clones humanos»: los gemelos idénticos.

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